Por John Gray
Traducción por: Alberto Loza Nehmad
Originalmente publicado como “Making the Future by Noam Chomsky”, The Guardian, Londres, 8 de febrero de 2012, (http://www.guardian.co.uk/books/2012/feb/08/making-future-noam-chomsky-review). Traducido por Alberto Loza Nehmad.
Reseña del libro de Noam Chomsky, Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance
“Ahora somos un imperio, y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras estés estudiando esa realidad —juiciosamente, como lo haces— volveremos a actuar creando otras nuevas realidades que también podrás estudiar, y así es como se volverán a reformular las cosas. Somos actores de la historia... y a ti, a todos ustedes, no les quedará sino estudiar lo que hacemos”.
Registrada en octubre de 2004, esta afirmación de un asesor principal de George W. Bush (a menudo atribuida a Karl Rove, el subjefe del gabinete de Bush hasta su renuncia, en 2007), forma el epígrafe de la última colección de artículos de Noam Chomsky. Aunque el contexto no está explicado, la afirmación fue hecha en el verano de 2002 en una entrevista con Ron Suskind, autor ganador del Premio Pulitzer, en la que el consejero de Bush se burlaba del escritor y otros como él por pertenecer a lo que “nosotros llamamos la comunidad basada en la realidad”, un grupo compuesto de gente que “cree que las soluciones emergen de su estudio juicioso de la realidad discernible”.
La fecha de la afirmación es de alguna importancia. Hacia el verano de 2002, la acción militar para asegurar el cambio militar en Irak había estado ya por algún tiempo bajo activa consideración. Quienes en la administración estaban presionando hacia la guerra lo hacían por una variedad de razones: los neoconservadores porque creían que el cambio de régimen desataría una “revolución democrática” en la que un modelo estadounidense de gobierno sería adoptado en todo el Medio Oriente, otros, como el vicepresidente Cheney, estaban aparentemente más interesados en las ricas reservas petroleras de ese país. Cualesquiera fuesen sus metas, las fuerzas que tramaron la guerra no tenían dudas de que Irak cambiaría en gran medida tal como ellos quisieran.
La fecha de la afirmación es de alguna importancia. Hacia el verano de 2002, la acción militar para asegurar el cambio militar en Irak había estado ya por algún tiempo bajo activa consideración. Quienes en la administración estaban presionando hacia la guerra lo hacían por una variedad de razones: los neoconservadores porque creían que el cambio de régimen desataría una “revolución democrática” en la que un modelo estadounidense de gobierno sería adoptado en todo el Medio Oriente, otros, como el vicepresidente Cheney, estaban aparentemente más interesados en las ricas reservas petroleras de ese país. Cualesquiera fuesen sus metas, las fuerzas que tramaron la guerra no tenían dudas de que Irak cambiaría en gran medida tal como ellos quisieran.
Otras ramas del gobierno tenían profundas reservas. El Departamento de Estado, gran parte del personal militar del Pentágono, secciones de la CIA e inclusive —si se cree algunos despachos— George Bush padre, parecen haberse opuesto a la invasión o al menos parecen haber estado altamente escépticos acerca de sus perspectivas de éxito. Pero estas voces de la comunidad basada en la realidad fueron ignoradas. Menos de un año después de la diatriba delusoria del consejero, EE.UU. estaba embrollado en su intervención militar más desastrosa en una generación, y una de las guerras más horrorosamente inútiles de los tiempos modernos.
Para crédito suyo, Chomsky se opuso a la guerra desde el inicio. Su actitud hacia otros críticos de la guerra es más problemática. No tiene nada sino escarnio para quienes en la corriente política mayoritaria de EE.UU. criticaron la guerra sobre la base de que sería demasiado riesgosa o costosa o simplemente innecesaria. Menospreciando a Barack Omaba y a Bill Clinton, Chomsky escribe: “La crítica a la guerra de Irak es hecha en base al costo y el fracaso; lo que son llamadas ‘razones pragmáticas’, una posición que es considerada realista, seria, moderada, en el caso de los crímenes de Occidente”. Para Chomsky, parece que no puede haber lugar para el error o los motivos entremezclados en la política estadounidense. La guerra no es un error que podría haber sido evitado si sus oponentes hubieran estado mejor organizados y hubiesen sido más efectivos. Invadir Irak era tan solo un ejemplo más del imperialismo estadounidense, una expresión de un régimen esencialmente criminal y maligno.
Al leer estos artículos, publicados entre abril de 2007 y octubre de 2011, es imposible evitar la conclusión de que, para Chomsky, Estados Unidos es virtualmente el único obstáculo para la paz en el mundo. Los crímenes cometidos por otros poderes son mencionados ocasionalmente, pero solo de pasada. En ningún lugar reconoce el hecho de que muchas regiones tienen conflictos propios intratables que persistirán a pesar de lo que haga EE.UU.
Para Chomsky, el conflicto del Medio Oriente es exclusivamente obra de Estados Unidos e Israel. No hay lucha por la hegemonía entre Arabia Saudita e Irán, y si algo de esa lucha efectivamente existe, puede ser fácilmente resuelto mientras EE.UU. esté listo a alterar sus políticas. Nuevamente, la interminable guerra en Afganistán no refleja las divisiones internas de ese infortunado país y la larga historia de éste como punto focal de rivalidades geopolíticas, que ahora incluye un punto muerto entre India y Pakistán en Cachemira. La guerra en Afganistán podría terminar simplemente solo si EE.UU. retirara sus fuerzas y arreglara un gran acuerdo diplomático.
Mirando más adelante, existe la perspectiva de un antagonismo entre China e India. Pero dado que no hay un gran conflicto que Estados Unidos no haya causado o, en cualquier caso, agravado, no hay por tanto ningún conflicto que Estados Unidos no pueda acabar. No se le ocurre a Chomsky que EE.UU. puede no tener la capacidad de realizar estos milagros. El hecho de que Estados Unidos no haya llevado al mundo a la paz solo confirma su posición como una fuerza única para el mal en el mundo.
Mirando más adelante, existe la perspectiva de un antagonismo entre China e India. Pero dado que no hay un gran conflicto que Estados Unidos no haya causado o, en cualquier caso, agravado, no hay por tanto ningún conflicto que Estados Unidos no pueda acabar. No se le ocurre a Chomsky que EE.UU. puede no tener la capacidad de realizar estos milagros. El hecho de que Estados Unidos no haya llevado al mundo a la paz solo confirma su posición como una fuerza única para el mal en el mundo.
Chomsky cita el libro de Godfrey Hodgson, El mito del excepcionalismo norteamericano, donde el antes corresponsal en Washington concluye que Estados Unidos es “solo un gran país entre otros, aunque imperfecto”. Pero Chomsky no muestra señales de haber digerido esta sensata opinión. “Es un artículo de fe, casi parte del credo nacional”, escribe, “que Estados Unidos es en justicia diferente a otras grandes potencias, pasadas y presentes”. Así es, pero de esta y de otras maneras Estados Unidos no es diferente de otros países. En sus breves apogeos, Gran Bretaña, Francia, España y Portugal se veían en gran manera así. Todas las grandes potencias se ven como excepcionales hasta que la historia demuestra lo contrario.
La imagen que Chomsky nos presenta de Estados Unidos es, en efecto, una versión negativa del excepcionalismo. Para él así como para los neoconservadores, Estados Unidos es el centro del mundo. Chomsky ve la política global con las mismas lentes maniqueas: estás a favor o en contra de Estados Unidos. El hecho de que gran parte de la humanidad tenga aspiraciones que no tienen nada que ver con Estados Unidos ni siquiera es considerado. El antiamericanismo está desvaneciéndose junto con el poder norteamericano, pero Chomsky no lo ha notado. Actualmente, el desconcierto ante las rencorosas divisiones en la política estadounidense y el disfrute por la desgracia ajena ante el humillante estado del muy publicitado modelo de capitalismo estadounidense, son las reacciones más comunes ante EE.UU. Entre un creciente número de gente, la principal reacción parece ser una falta de interés. El mundo ha superado los tiempos cuando EE.UU. podía ser destrito como “La última hiperpotencia que queda”. Aunque aún tiene un asombroso poderío militar, la capacidad de EE.UU. para imponer su voluntad de cualquier forma duradera, ha disminuido irreversiblemente. La condición de estado de guerra perpetua ha dejado a EE.UU. más o menos en bancarrota, un estado de las cosas que podrá ser sostenido solo mientras China elija financiar la deuda federal norteamericana. Estancado por una generación, el estándar de vida de la mayoría está cayendo y la infraestructura del país se está pudriendo. Crecientemente EE.UU. se parece a la Latinoamérica de hace unas décadas. La respuesta predominante ha sido la negación, con el Partido Republicano degenerando en una secta apocalíptica plagada de riñas, y con la palpable sanidad mental de Obama como su principal debilidad. Lo mejor que puede esperarse es que los electores no opten por un tipo de psicosis electoral.
La imagen que Chomsky nos presenta de Estados Unidos es, en efecto, una versión negativa del excepcionalismo. Para él así como para los neoconservadores, Estados Unidos es el centro del mundo. Chomsky ve la política global con las mismas lentes maniqueas: estás a favor o en contra de Estados Unidos. El hecho de que gran parte de la humanidad tenga aspiraciones que no tienen nada que ver con Estados Unidos ni siquiera es considerado. El antiamericanismo está desvaneciéndose junto con el poder norteamericano, pero Chomsky no lo ha notado. Actualmente, el desconcierto ante las rencorosas divisiones en la política estadounidense y el disfrute por la desgracia ajena ante el humillante estado del muy publicitado modelo de capitalismo estadounidense, son las reacciones más comunes ante EE.UU. Entre un creciente número de gente, la principal reacción parece ser una falta de interés. El mundo ha superado los tiempos cuando EE.UU. podía ser destrito como “La última hiperpotencia que queda”. Aunque aún tiene un asombroso poderío militar, la capacidad de EE.UU. para imponer su voluntad de cualquier forma duradera, ha disminuido irreversiblemente. La condición de estado de guerra perpetua ha dejado a EE.UU. más o menos en bancarrota, un estado de las cosas que podrá ser sostenido solo mientras China elija financiar la deuda federal norteamericana. Estancado por una generación, el estándar de vida de la mayoría está cayendo y la infraestructura del país se está pudriendo. Crecientemente EE.UU. se parece a la Latinoamérica de hace unas décadas. La respuesta predominante ha sido la negación, con el Partido Republicano degenerando en una secta apocalíptica plagada de riñas, y con la palpable sanidad mental de Obama como su principal debilidad. Lo mejor que puede esperarse es que los electores no opten por un tipo de psicosis electoral.
Chomsky acepta que Estados Unidos está en retirada. “EE.UU. estaba en la cúspide de su poder en 1945”, escribe él, una afirmación característicamente hiperbólica. Por todo lado él observa que no siempre ha sido fácil para Estados Unidos sostener su “sistema de control global”. Aún así, la centralidad de Estados Unidos para el mundo se da por sentada en todos los artículos reunidos en este libro. En marzo de 2009 Chomsky le dice al lector que los desarrollos de América Latina “amenazan no solo la dominación hemisférica de Estados Unidos, sino también su dominación global”, mientras un artículo sobre “Estados Unidos en declinación” de agosto del año pasado, resulta en gran medida ser acerca del rol del dinero en delinear la legislación en el Congreso, una preocupación legítima pero difícilmente una noticia fresca. La trabazón que ha cogido a Washington en temas tales como el déficit presupuestal es un factor mucho más importante en la pérdida de autoridad de Estados Unidos. La lección de historia es que los países en bancarrota no siguen siendo grandes potencias imperiales por largo tiempo.
Durante los pasados 20 años, Estados Unidos ha sido descabalado por el desmedido orgullo ideológico, un desorden que Chomsky no puede analizar y ni aún propiamente entender, dado que él mismo representa eso. Como implacable crítico de la política estadounidense ha veces él ha sido útil: ha habido, después de todo, mucho que criticar. Pero como los neoconservadores, él pertenece a un mundo estadounido-céntrico que ya pasó. En todo punto de vista mayor, la visión de Chomsky de los EE.UU. como la fuente original del conflicto humano es tan absurda como la creencia del asesor de Bush de que Estados Unidos puede crear su propia realidad.
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Comentario adicional por: City Lights Open Media (From Amazon.com)
"Inquebrantable contestatario político Noam Chomsky habla de las bombas inteligentes de las intervenciones globales por parte de los militares de USA. (City Lights). Y de la ¡Conmoción y pavor!" (¡Owe and shock!, nombre de la operación inicial de bombardeo a Bagdad), en la revista Vanity Fair.
“Making the Future” presenta más de cincuenta comentarios concisos y persuasivamente argumentados sobre la política de Estados Unidos y las normativas del gobierno americano escritas entre el 2007 y el 2011.
En conjunto, los ensayos de Chomsky presentan una poderosa contra-narrativa a los informes oficiales de los acontecimientos políticos más importantes de los últimos cuatro años: Las guerras en Afganistán e Irak, el proceso electoral a la presidencia de EE.UU., el ascenso de China, la marcha hacia la izquierda de América Latina, la amenaza de la proliferación nuclear en Irán y Corea del Norte, la invasión israelí de Gaza y la expansión de los asentamientos en Jerusalén y Cisjordania, la evolución en el cambio climático, la crisis financiera mundial, la primavera árabe, el asesinato de Osama Bin Laden, y las protestas ocupando calles y plazas. Encadenadas a lo largo de sus críticas hay expresiones de compromiso con la democracia y el poder de las luchas populares. "La legislación progresista y el bienestar social", escribe Chomsky, "han sido ganados por las luchas populares, no regalos desde arriba. Las luchas siguen un ciclo de éxito y fracaso. Se deben librar todos los días, no sólo una vez cada cuatro años, siempre con el objetivo de crear una sociedad verdaderamente democrática de respuesta, desde los centros de votación hasta el puesto de trabajo. "
“Making the future” es un seguimiento a cada intervención militar, publicado por City Lights en 2007 y prohibido en la Bahía de Guantánamo por los censores militares de Estados Unidos. Ambos libros se se han compuesto con artículos que Chomsky escribió con frecuencia para el New York Times como periodista Sindicado, pero que fueron ignorados en gran parte por los periódicos en los Estados Unidos. “Making the future” ofrece un feroz, pero accesible y oportuno, (sin limitaciones), conjunto de documentos políticos escritos por uno de los disidentes mas importantes entre los intelectuales y políticos de Estados Unidos.



